"Mobbing", cuando el abuso laboral no tiene límites.

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“Me instalaron en un despacho cerca de la cocina, me hostilizaron en todas las formas hasta negarme el papel de escribir.

Ya comenzaba a llegar a las puertas del edificio de la embajada la ola de los indeseables: combatientes heridos, juristas y escritores,  profesionales que habían perdido sus clínicas, obreros de todas las especialidades.

Como se abrían paso contra viento y marea hasta mi despacho, y como mi oficina estaba en el cuarto piso, idearon algo diabólico: suspendieron el funcionamiento del ascensor. Muchos de los españoles eran heridos de guerra y sobrevivientes del campo africano de concentración, y me desgarraba el corazón verlos subir penosamente hasta mi cuarto piso, mientras los feroces funcionarios se solazaban con mis dificultades”.

 

Pablo Neruda, Confieso que he vivido.

 



Hace unos tres años atrás contacté a Iñaky Piñuel, quien es considerado un referente mundial en lo que hoy se conoce como Mobbing. Fue muy amable y me autorizó para publicar un paper de su autoría.

El tema me llamó poderosamente la atención y tuve la intuición que era para mí. Ojalá que Iñaki reciba mi profundo agradecimiento por su maravillosa motivación, la cual me he prometido seguirla y acompañarlo.

Y después de estos tres años preparé un paper con sus textos y otras fuentes como las de Marie-France Irigoyen y una excelente tesis publicada por la Universidad de Chile. Esto más algunos textos míos se entremezclan para recorrer lo que Iñaki define como

MOBBING

La Epidemia Organizacional del siglo XXI

 

Mobbing es un acuerdo implícito de una persona o un grupo de personas de una organización para maltratar y dañar el honor de otro a quien se le juzga diferente o no confiable.

Cuando hablamos de dañar el honor de otro,  significa que ese otro - la víctima de maltrato - es una persona honorable, por lo tanto las causas que generan Mobbing en una organización siempre tendrán como origen una raíz ética y moral.

La ética y la moral en realidad no son lo mismo, pero ambas están enlazadas como hermanas y deben permanecer unidas ya que una le da el sentido a la otra.

La moral se ocupa de las costumbres y normas que establecen el bien y el mal. La ética se ocupa del comportamiento humano en su relación con el bien y  el mal, según lo que dicta la moral.

Entonces, el Mobbing se desarrolla en circunstancia en que una persona no adopta la misma conducta ética que un grupo decide adoptar frente a un determinado fenómeno, o también puede ser porque esa persona es diferente al grupo. En este último caso los defectos físicos, la discapacidad, la incompetencia, la ignorancia, la diferencia de clase social, entre otros, también son escenarios propicios  para que brote sin piedad el Mobbing.

Basta leer algunas definiciones para impactarnos con este fenómeno espeluznante:

"En el ámbito laboral, definimos el mobbing como el continuado y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un trabajador por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objeto de lograr su aniquilación o destrucción psicológica y obtener su salida de la organización a través de diferentes procedimientos ilegales, ilícitos, o ajenos a un trato respetuoso o humanitario y que atentan contra la dignidad del trabajador”

“El mobbing tiene como objetivo intimidar, apocar, reducir, aplanar, amedrentar y consumir, emocional e intelectualmente a la víctima, con vistas a eliminarla de la organización o a satisfacer la necesidad de agredir, controlar, y destruir que suele presentar el hostigador, que aprovecha la ocasión que le brinda la situación organizativa particular (reorganización, reducción de costes, burocratización, cambios vertiginosos, etc-...) para canalizar una serie de impulsos y tendencias psicopáticas" (Iñaki Piñuel)

El concepto de mobbing, traducido de manera correcta al castellano como acoso psicológico y no "acoso moral" (deberíamos decir inmoral en todo caso), posee un sustrato ético que se refiere a la falta de consideración de la dignidad del trabajador como un elemento relevante o sustancial de la relación laboral. 

La  desconfianza que genera una situación de Mobbing, puede tener muchas raíces: miedo, envidia, codicia, arrogancia, abuso de poder, xenofobia y tantas otras.

 

El Mobbing comienza como el viento: suave y penetrante.

Al principio, la persona acosada no quiere sentirse ofendida y no se toman en serio las indirectas o vejaciones. Es una situación desagradable y extraña para la víctima, porque no entiende lo que está pasando y tiene dificultad para organizar conceptualmente su defensa.

Al no entender lo que le pasa, la persona queda completamente desconcertada y se hace cientos de preguntas  ¿Por qué me está pasando esto?, ¿Qué estoy haciendo mal?.


No saber por qué estamos sufriendo es infinitamente más cruel que saberlo.

De manera sorprendente el Mobbing suele afectar a trabajadores válidos, a aquellos bien valorados, a los que son creativos; en definitiva, a los mejores de entre los recursos humanos de la organización, que también suelen ser más fácilmente objeto de celos profesionales o envidia. También afecta a aquellos que se han negado a participar en acciones ilícitas, irregulares o antiéticas que pueden perjudicar a la organización o a los clientes.

Las personas que sufren Mobbing suelen no ser despedidas y se intenta acosarlas hasta que no tengan más opción que irse. Tal vez éste sea el aspecto más oscuro y perverso del Mobbing; quienes lo ejercen temen despedir a un funcionario ejemplar sin razones valederas. Eso puede tener un impacto muy negativo para la organización, por eso la práctica del  Mobbing se encargará de denigrarlo, difamarlo e ignorarlo sin piedad.

Vivir la experiencia

Hay que decir categóricamente que saber de Mobbing es muy diferente a conocerlo. Quienes han sufrido este fenómeno se han enfermado emocional y físicamente, habiendo casos dramáticos en que algunas personas han generado cáncer en su cuerpo. Así de letales son sus consecuencias.

Lo primera emoción que florece cuando comienza el acoso es la de culpa. La víctima se siente responsable de lo que sucede y comete grandes errores tratando de enmendar o de re-encantar a quienes los acosan. Pide disculpas por lo que no es responsable y los resultados sólo empeoran la situación. Muchas veces admiten incluso errores que no han cometido.

El Mobbing y el poder

Cuando el Mobbing lo ejerce, o lo ejercen, quienes tienen el poder de la organización, es una circunstancia aún más desfavorable para la víctima y cualquier reclamo de su parte resultará inútil puesto que el acosador es juez y parte.

Los ejecutores del acoso psicológico o mobbing suelen ser mayoritariamente aquellos que ostentan el poder, aunque también existen acosadores entre los mismos compañeros e incluso entre los propios subordinados.

Es común que otras personas se sumen al linchamiento psicológico, animadas, motivadas, "compradas" o, sencillamente, coaccionadas para que participen en el acoso. En este rango a veces las personas de mayor confianza y amistad de la víctima sucumben por una mezcla de miedo y codicia sumándose al grupo de acosadores desde un lugar privilegiado: escondidos en la supuesta lealtad a la víctima.

Las promesas de beneficios, ascensos o incluso de ocupar el cargo de la víctima a cambio de su colaboración para sacar a éste de la organización, son las promesas que el acosador normalmente utiliza para seducirlos. Con esto el Mobbing agrega un ingrediente más a su sórdida trama, minando la debida lealtad de colaboradores directos de la  víctima, quienes toman esto como una muestra de confianza del superior, que en este caso es el acosador, y lo ven como una oportunidad de trepar a lugares más altos en la organización. Sólo personas de férreos valores se resisten a acceder a este tipo de requerimientos impropios.

 

Los cadáveres en el armario

Cuando se trabaja atentamente sobre cada caso de mobbing, se descubre casi siempre que en el pasado profesional del acosador suelen existir lo que llamamos “cadáveres en el armario”. El hostigador suele tener un florido pasado en el que otras personas fueron abusadas y/o eliminadas del lugar de trabajo mediante variados métodos y con diferentes grados de destrucción psíquica.



Una detallada investigación puede llevar a remontarse diez o incluso veinte años atrás y descubrir cómo desde sus comienzos existen casos en la organización en los que otras personas padecieron mobbing por parte del acosador. Ello se explica desde la psicología del hostigador, por su necesidad continuada y creciente de encubrir su mediocridad e ineptitud o narcicismo, compensando sus sentimientos de inadecuación mediante la aniquilación de otras personas como chivos expiatorios.



“El pernicioso efecto de este comportamiento repetitivo es la configuración de una personalidad patológica que ha validado, mediante la experiencia práctica de años de acoso (que funcionan a modo de refuerzo), este tipo de comportamiento como algo efectivo para enfrentarse a sus profundos complejos, así como al miedo y la inseguridad que siente ante el entorno y ante sí mismo” (Iñaki Piñuel)



Las personas que han padecido en algún momento mobbing aducen una serie de razones por las que creen que fueron objeto de acoso psicológico laboral.



Entre las explicaciones más frecuentes figuran:



•  Haberse resistido a ser manipuladas por el acosador, a diferencia de otros compañeros que no ofrecieron resistencia;



•  No haber caído en el servilismo o la sumisión especialmente frente a pedidos o exigencias contrarias a las buenas prácticas,



•  Haber despertado los celos del acosador, debido a una competencia laboral extraordinaria;


•  Haber suscitado envidia debido a las habilidades sociales de la víctima (simpatía, don de gentes, actitud positiva, aprecio y reconocimiento por parte de los demás);



•  Haber denunciado temas mantenidos ocultos de manera ilegal o ilícita, o bien no haber querido participar en «enjuagues», y ello desencadenó las represalias del o los acosadores.

 

Pero, ¿cuál es el móvil de este “crimen” psicológico?



Encontramos con frecuencia que el mobbing se utiliza como una cortina de humo sobre la inadecuación profesional del hostigador. El miedo y la inseguridad que experimentan los acosadores hacia sus propias carreras profesionales, su propia reputación, su posición o status quo en la organización, los mueve a denigrar y acosar a otras personas. De este modo, se puede desviar la atención o desvirtuar las situaciones de riesgo para ellos, haciendo de las víctimas verdaderos chivos expiatorios de las organizaciones.

Muchas veces el temor del acosador procede de la amenaza que supone para él el conocimiento por parte de la víctima de situaciones irregulares, situaciones ilegales, fraudes o situaciones reñidas con la ética y la moral.

El  objetivo que se persigue es que la víctima adopte de manera voluntaria la decisión de abandonar el lugar de trabajo, con ello logran el objetivo de sacarlo del escenario, ahorrarse la indemnización o llegar a un acuerdo el que siempre será provechoso para la empresa.

Algunas de las tramas que usan los acosadores.



Las estrategias utilizadas para someter a la víctima al acoso psicológico o Mobbing son muy variadas, y la mayor parte de las veces se combinan unas con otras a modo de “tratamiento integral”.

Entre ellas se cuentan las siguientes: 




•  Quitarle áreas de responsabilidad clave, ofreciéndole a cambio tareas rutinarias, sin interés o incluso ningún trabajo que realizar (“hasta que se aburra y se vaya”). 



•  Modificar repentinamente y sin decir nada al trabajador las atribuciones o responsabilidades de su puesto de trabajo. 

•  Asignarle objetivos o proyectos con plazos que se saben inalcanzables o imposibles de cumplir, y tareas que son manifiestamente inacabables en ese tiempo. 


•  Ignorarle o excluirle, hablando sólo a una tercera persona presente, simulando su no existencia (ninguneándolo) o su no presencia física en la oficina o en las reuniones a las que asiste (“cómo si fuera invisible”). 



•  Retener información crucial para su trabajo o manipularla para inducirle a error en su desempeño laboral, y acusarle después de negligencia o faltas profesionales. 


•  Extender por la empresa rumores maliciosos o calumniosos que menoscaban su reputación, su imagen o su profesionalidad. 



•  Infravalorar o no valorar en absoluto el esfuerzo realizado, mediante la negativa a reconocer que un trabajo está bien hecho o la renuencia a evaluar periódicamente su trabajo. 



•  Ignorar los éxitos profesionales o atribuirlos maliciosamente a otras personas o a elementos ajenos a él, como la casualidad, la suerte, la situación del mercado, etc. 



•  Criticar continuamente su trabajo, sus ideas, sus propuestas, sus soluciones, etc., caricaturizándolas o parodiándolas. 

•  Asignarle objetivos o proyectos con plazos que se saben inalcanzables o imposibles de cumplir, y tareas que son manifiestamente inacabables en ese tiempo. 



•  Monitorizar o controlar malintencionadamente el trabajo con vistas a atacarle o acusarle. 


•  Castigar duramente cualquier toma de decisión o iniciativa personal en el desempeño del trabajo como una grave falta al deber de obediencia debida a la jerarquía. 



•  Ridiculizar su trabajo, sus ideas o los resultados obtenidos ante los demás trabajadores. 



•  Animar a otros compañeros a participar en cualquiera de las acciones anteriores mediante la persuasión, la coacción o el abuso de autoridad. 



•  Invadir la privacidad del acosado interviniendo su correo, su teléfono, revisando sus documentos, armarios, cajones, etc., sustrayendo maliciosamente elementos claves para su trabajo. 



•  Gritar, avasallar o insultar a la víctima cuando está sola o en presencia de otras personas. 

•  No cumplir promesas anteriores de beneficios como bonos, incentivos o acciones de la empresa. 

Son frecuentes víctimas de acoso psicológico laboral:



•  Personas con elevada ética, honradez y rectitud, así como un alto sentido de la justicia. 



•  Personas con características que difieren de la mayoría de trabajadores existentes en el lugar de trabajo (inmigrantes, jóvenes, trabajadores mayores) 



•  Personas autónomas, independientes y con iniciativa. 



•  Personas altamente capacitadas por su inteligencia y aptitudes, que destacan por su brillantez profesional. 



•  Personas populares, líderes informales entre sus compañeros o con carisma para liderar grupos. 



•  Personas con un alto sentido cooperativo y de trabajo en equipo. 



•  Personas con elevada capacidad empática, sensibilidad, comprensión del sufrimiento ajeno e interés por el desarrollo y el bienestar de los demás. 



•  Personas con situaciones personales o familiares altamente satisfactorias y positivas y, por tanto envidiables. 



•  Personas en situaciones de alta vulnerabilidad: jóvenes, mujeres, minusválidos, enfermos crónicos, personas con problemas familiares (separación, divorcio). 

El acosador

Es el sujeto activo de la conducta hostigadora, quien la realiza. Este sujeto puede ser individual o colectivo.

Se distingue entre el acosador que protagoniza la agresión practicándola en forma directa (acosador principal), y aquellos que colaboran con el comportamiento agresivo en forma pasiva (observadores del proceso de acoso).

En cuanto a la personalidad del acosador, Marie-France Irigoyen, en su obra “Acoso moral” entrega una serie de características propias del que denomina un perverso narcisista.

Entre ellas están las siguientes:

- El sujeto tiene una idea grandiosa de su propia importancia.

- Le absorben fantasías ilimitadas de éxito y poder.

- Se considera especial y único.

- Tiene una necesidad excesiva de ser admirado.

- Piensa que se le debe todo.

- Explota al otro en sus relaciones interpersonales.

- Carecen de empatía, aunque pueden ser muy brillantes socialmente.

- Puede fingir que entiende los sentimientos de los demás.

- Tiene actitudes y comportamientos arrogantes.

- Suelen presentarse como moralizadores y suelen dar lecciones de rectitud a los demás.

- Tienen una gran rigidez psicológica, obstinación, intolerancia, racionalidad fría, dificultad para demostrar emociones positivas y desprecio al otro.

- Muestran desconfianza, un temor exagerado de la agresividad ajena, sensación de ser la víctima de la crueldad del otro, celos, suspicacia.

- Suelen hacer juicios equivocados, interpretan acontecimientos neutros como si fueran adversos.

Según la autora gala, “lo que el perverso narcisista envidia por encima de todo es la vida de los demás. Envidia los éxitos ajenos, que le hacen afrontar su propia sensación de fracaso”.

 

Ikaki Piñuel, por su parte, presenta al acosador como un “psicópata organizacional”, el cual encuentra en los entornos de las organizaciones modernas, un medio adecuado para abrirse camino, encumbrarse y desarrollarse profesionalmente mediante la manipulación y la seducción, técnicas que domina a la perfección.

 

Iñaki Piñuel define algunos rasgos característicos del acosador organizacional:

- Su gran capacidad superficial de encanto, la cual les permite seducir fácilmente a quienes le rodean..

- Inflación de la propia imagen ante los demás (todos le deben todo). En razón de su nula autoestima rebaja al máximo las virtudes ajenas y exalta las supuestas cualidades sabiéndolas inexistentes.

- Mentira sistemática. Poseen una prodigiosa capacidad de mentir y falsear la realidad.

- Ausencia de remordimientos y de sentimientos de culpa. Son incapaces de sentirse responsables por el daño que están causando, no sienten pena ni vergüenza por sus actos, pero siendo megalómanos, mentirosos y seductores, no les cuesta simular falsas compasiones.


 
A nivel psicológico, el daño inferido a la víctima es enorme Aproximadamente la mitad de las personas acosadas manifiestan secuelas psicológicas y o físicas que les ha producido el acoso. La víctima de las agresiones va perdiendo gradualmente la fe y la confianza en sí misma, como consecuencia de lo cual se ven afectados diferentes aspectos de su vida. 
Entra en un tipo de estrés creciente que lo va afectando físicamente y que termina haciéndose crónico e inespecífico, dando lugar a multitud de afecciones o enfermedades somáticas crónicas, que suelen conducir a su baja laboral, incapacidad temporal o incluso incapacitación permanente. 


Es necesario establecer aquí una importante distinción:


El acoso psicológico laboral o mobbing trasciende y supera con mucho lo que algunas personas podrían describir como tener un jefe difícil o “duro”. Existe una gran diferencia entre el acoso psicológico y la presión a la que puede someter a su equipo un manager impositivo, con el fin de cumplir plazos o de incrementar la calidad o la productividad. No todas las situaciones tensas entre los trabajadores y sus responsables jerárquicos deben atribuirse sin más a la existencia de mobbing. Tampoco es mobbing la existencia o recurrencia de un conflicto de intereses o conflicto colectivo. Tampoco el estrés laboral es equivalente a mobbing. Es importante diferenciar unas situaciones de otras. 

El Moobing es un concepto válido cuando una persona es acosada en su trabajo a pesar de ser reconocida por su honradez y honestidad. No es lo mismo ser acosado laboralmente al ser sorprendido en prácticas de corrupción (de la cual existieran evidencias). Para esto existe un camino legal establecido en las leyes, puesto que ahí lo que se configura es un delito.

Las leyes son insuficientes para abordarlo en su real dimensión y el universo de las evidencias, en el Mobbing, es muy amplio, difuso y lleno de interpretaciones. El camino de la Ley es sin duda un camino posible pero hay que perfeccionarlo.

Lo que sí está claro, y hay evidencias, es del impacto emocional que sufren las víctimas de Mobbing. Este impacto emocional se expresa en la salud, la que comienza a deteriorarse cuando comienzan a brotar dolencias y anomalías producto del ese stress. Esto además afecta seriamente las relaciones familiares y sociales. La baja estima, la rabia por lo que sucede y la impotencia frente a ello, alteran completamente el equilibrio emocional.

Siendo éste uno de los actos más crueles a que puede estar sometido un ser humano en su entorno laboral, el camino para abordarlo es complejo e ingrato, se requiere de mucho coraje y dignidad para enfrentarlo.

Lo primero es saber que el problema tiene un nombre: Mobbing.



"Nadie podrá hacerte sentir inferior sin tu consentimiento"

Eleanor Roosevelt





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Comentarios

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